La traducción es la actividad que consiste en comprender el significado de un texto en un idioma, llamado texto origen o «texto de salida», para producir un texto con significado equivalente, en otro idioma, llamado texto traducido o «texto meta». El resultado de esta actividad, el texto traducido, también se denomina traducción. Cuando la traducción se realiza de manera oral se conoce como interpretación. La disciplina que estudia sistemáticamente la teoría, la descripción y la aplicación de la traducción y la interpretación se denomina traductología.1
Mientras que la interpretación es indudablemente más antigua que la escritura, la traducción surgió solo tras la aparición de la literatura escrita. Existen traducciones parciales de la Epopeya de Gilgamesh (sobre el 2000 a. C.) a idiomas de Oriente Próximo de la época.2
Dada la laboriosidad del proceso de traducción, desde la década de 1940 se han intentado encontrar medios de automatizar la traducción utilizando máquinas (traducción automática) o ayudando mecánicamente al traductor (traducción asistida por ordenador).3 De toda esta dinámica ha surgido la moderna industria del lenguaje, facilitada enormemente por el auge de Internet, que ha creado nuevos géneros de traducción como la internacionalización y localización.4
La traducción es una actividad muy antigua. Una de las primeras evidencias escritas de traducción es la Piedra de Rossetta, donde un mismo texto se encuentra en egipcio jeroglífico, egipcio demótico y griego, que sirvió para descifrar el significado de los jeroglíficos egipcios.
Una parte significativa de la historia de la traducción en Occidente tiene que ver con la traducción de los textos bíblicos. Las primeras traducciones escritas atestiguadas fueron de la Biblia, ya que como los judíos llevaban mucho tiempo sin hablar la lengua hebrea, ésta se perdió y las Sagradas Escrituras debieron traducirse para que las entendiesen los judíos que no hablaban su lengua original. Ptolomeo Filadelfo en el siglo III a. C. mandó traducir del hebreo al griego koiné las Sagradas Escrituras a 72 sabios que dominaban el hebreo y el griego. Esta versión se conoce como versión alejandrina, versión de los 70 o Septuaginta.2 A lo largo de los siglos I y II d. C. la Biblia se tradujo de manera intermitente del griego al latín. Este conjunto de textos se conoce como Vetus Latina. San Jerónimo realizó la primera traducción sistemática de la Biblia al latín del pueblo: la Vulgata, que apareció alrededor del 384 d. C.20
En los siglos IX y X en Bagdad, los trabajos de los antiguos griegos en los campos de la ciencia y la filosofía se tradujeron al árabe. Este aprendizaje se diseminó por Europa a través de España, bajo el dominio musulmán desde principios del siglo VIII por cuatrocientos años, hasta el siglo XV, cuando los musulmanes fueron desterrados.21
La Escuela de Traductores de Toledo, donde se realizaron traducciones del árabe al español y luego al latín, contribuyó al desarrollo científico y tecnológico que permitió el advenimiento del Renacimiento europeo. A lo largo de la Edad Media, el latín era la lengua franca del mundo occidental. En el siglo IX Alfredo el Grande, rey de Wessex, en Inglaterra, se adelantó a su tiempo en la traducción en lengua vernácula anglosajona de la Historia Eclesiástica de Beda y Consolación de Filosofía de Boecio. Mientras tanto, la Iglesia Cristiana veía mal incluso adaptaciones parciales de la Vulgata de San Jerónimo de alrededor de 384, la Biblia latina estándar.20 Posteriormente, al tiempo de la invención de la imprenta de tipos móviles, Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán.
